Pelé: Recuerdos personales y apuntes de política (Pelé, Netflix)

Sobre el mundial de futbol celebrado en México en 1970, recuerdo con algo de claridad algunas imágenes: la inauguración, un partido en el que me llamó la atención que un jugador estuviera en el campo con un brazo en cabestrillo –Franz Beckenbauer en el “Partido del Siglo” Alemania vs Italia- y la final Brasil vs Italia. Fue aquí cuando me enteré de que existía un tal “Pelé”.

Con el tiempo me fui encariñando con este deporte.

En la década de los 70’s jugué futbol de salón en los torneos para niños que se organizaban en la parroquia de Santa Teresita. En un torneo llegué a ser campeón con un equipo que se llamaba “México” y en otro logré el campeonato de goleo, aunque mi equipo fue eliminado en semifinales. Mentiría si dijera que yo quería ser como Pelé. Simplemente me gustaba patear un balón. Sin embargo, mi admiración hacia Pelé aumentó en los últimos años de mi infancia después de ver uno de los primeros documentales sobre su vida.

Desde entonces me gusta el “jogo bonito”, el futbol espectacular, ofensivo.

Por el contrario, detesto el futbol defensivo, marrullero (algunos dicen que ese es fútbol “táctico”), con “jugadores” que les soplas y se tiran al piso tratando de engañar al árbitro.

Aunque es lugar común, ahí va: ver jugar a Pelé es ver el futbol hecho arte. Ahí están un sin número de videos para quien lo quiera constatar y comparar con quien gusten. “O Rei” es el máximo exponente del fútbol espectacular.

Pelé y algunos apuntes de política tomados del documental “Pelé” (Netflix, 2021)

A diferencia de otros jugadores talentosos, Pelé es admirado también por su comportamiento fuera de las canchas y por su calidez humana. Su origen humilde, un niño que boleaba zapatos para ayudar en la economía familiar, y que más tarde se convirtió en uno de los deportistas más admirados en el mundo, le dan al personaje un peso culturalmente enorme.

En el documental de Netflix, Edson Arantes do Nascimento narra que los principios que le inculcaron en casa fueron fundamentales en su formación. “Lo que me mantuvo y aún me mantiene con los pies en la tierra fue lo que yo recibí de mi familia. Nunca pensé, con todo lo que pasó en mi vida, que fuera mejor que nadie ni más que nadie”.

Un periodista le preguntó “¿dudas que eres el mejor jugador del mundo desde el 58?” “Yo creo –dijo en su momento el entonces jugador de apenas 19 años- que no existe un mejor jugador del mundo. Para ser el mejor jugador del mundo creo que habría que ser el mejor jugador en todas las posiciones, y eso es difícil ¿o no?”

Las perspectivas de tres personalidades brasileñas distintas, nos sirven para ilustrar lo que llegó a significar Pelé para Brasil:

PELÉ Y EL FUTBOL COMO ELEMENTOS DE UNIDAD NACIONAL BRASILEÑA. Pelé “era considerado ‘Su Majestad’ para los negros, para los blancos, para los mestizos, para todos. Fue un símbolo de la emancipación brasileña” (Gilberto Gil).

Antes del Mundial de Chile, en 1962, el presidente del equipo Santos lo nombró “patrimonio nacional” y por lo tanto no estaba en venta para ningún equipo.

PELÉ COMO EJEMPLO DE SUPERACIÓN (ejemplo de “aspiracionista”): “Los niños pobres de las favelas podían verse reflejados en Pelé. Vibraban con él. Pensaban: ‘quiero ser como Pelé’. Era la imagen más prometedora que teníamos en Brasil para un niño negro pobre” (Benedita da Silva).

PELÉ COMO UN SÍMBOLO DEL PROCESO DE MODERNIZACIÓN BRASILEÑA: “Pelé surge en un momento en el que Brasil también, de cierta forma, surge como un país moderno. No era un país solamente agroexportador, sino también un país que tenía industria, eficiencia y cultura. Un Brasil que creía en sí mismo y que podía triunfar” (Fernando Henrique Cardoso).

Brasil se identificaba con el futbol y en el mundo a Brasil lo identificaban con Pelé. En lo político creía que su democracia sería eterna. Hasta que llegó la dictadura militar en 1964.

El periodista Juca Kfouri ata los cabos y recuerda que después de que le fue mal a la selección brasileña en Inglaterra en 1966 (Pelé anunció que no jugaría más en una “Copa del Mundo”), en Brasil el panorama político empeoró. Brasil vivió también su “68”, año que culminó con el Acto Institucional Número Cinco (AI5), con el que el gobierno se dio permiso para usar la fuerza más allá de su uso legítimo y violar libertades de los brasileños por todo el país.

“Durante la dictadura ¿cambió algo para ti?” -le preguntaron a Pelé.

“No –contestó-. El futbol siguió siendo igual (…) Al menos para mí, no hubo mucha diferencia”.

 “Además, –decía en aquellos años- no entiendo nada, nada de política”.

Pelé contemporizó con el régimen y la dictadura lo trató “bien”.

Siendo presidente Emilio Garrastazu Médici, la represión aumentó y con ello las torturas, las desapariciones forzadas y los asesinatos. “Médici fue el dictador más cruel que tuvo Brasil”, recuerda el editor Aevi Ghivelder.

El criminal comportamiento del gobierno no disipaba su instinto pragmático. Sabían que el fútbol es un catalizador de unidad nacional y que les podría dar migajas de legitimidad.

A Pelé lo buscaban para saber a qué lado estaba apoyando.

El sociólogo, politólogo y ex Presidente de Brasil durante la democracia restaurada, Fernando Henrique Cardoso, sintetiza el papel de Pelé frente a la dictadura militar:

“No sé en qué lado estaba en el espectro político, pero Pelé nunca fue una figura que se identificara con el Estado. Él siempre fue mucho más que eso. Todos los países necesitan un héroe. Necesitan creer en algo. El sentimiento de pertenecer a una comunidad a veces se sobrepone a las dificultades de la comunidad. Y el deporte es parte de eso. No se prestaba atención a la política, sino a aquello que es más profundo para el pueblo, que es vivir su cotidianidad. Pelé ayudó en ese proceso. Los logros de Pelé se incorporan a la gloria nacional gane quien gane. Si hay dictadura, esta gana. Si hay democracia, esta gana también” (Fernando Henrique Cardoso, Netflix, 2021).

El 19 de noviembre de 1969, el estadio de Maracaná acaparó la atención de todo un país expectante por ver como Pelé anotaba su milésimo gol en el partido del Santos contra el Vasco da Gama. Por la vía del penalti, Pelé realizó la esperada anotación y de ahí… ¡la apoteosis! Fue una catarsis de alegría de un pueblo que olvidaba por un momento sus tragedias al lado de su héroe deportivo.

Pero, el gol número mil también fue el momento propicio para el oportunismo político. Pelé fue invitado por el dictador Médici para saludarlo y felicitarlo públicamente. Pelé asistió. El no fijar una posición frente a la dictadura le generó muchas críticas. “En ese momento de la historia eso pesó mucho en contra de él”, recuerda el periodista Paulo César Vasconcelos. “Yo amo a Pelé, pero no puedo dejar de criticarlo. Yo opinaba que su comportamiento era como el de un negro sumiso que acepta cualquier cosa, que no contesta, que no critica, que no juzga. Porque una opinión de él relacionada con eso impactaría mucho…”, dijo quien también fuera seleccionado brasileño, Paulo Cézar Lima “Caju”.

Pelé prefería la concordia y no la discordia, el odio y la venganza. El no tomar partido le permitía ponerse por encima del conflicto pudiendo ser al mismo tiempo querido y admirado por los partidarios del gobierno y por los opositores.

Juca Kfouri pone las cosas en su justa dimensión:

“Él no podía, siendo quien era –refiriéndose a Pelé-, darle la espalda a quien, al final, era el presidente de la República. Y podrán decir: ‘pero Muhammad Alí fue diferente’. En efecto lo fue. Yo aplaudo a Muhammad Alí (…) Él sabía que, al ir preso por deserción, no corría el menor riesgo de ser maltratado o torturado. Pelé no tenía esa garantía. ¡Vamos! Las dictaduras son dictaduras. Sólo quien las vivió sabe cómo se siente”. Y Pelé la remata: “creo que no habría sido posible que yo hiciera algo distinto (…) Porque, ¿para qué sirvió la dictadura? (…) Yo soy un ciudadano brasileño. Quiero lo mejor para mi gente (…) Tengo la absoluta certeza de que ayudé mucho más a Brasil con mi futbol, con mi manera de vivir, que muchos políticos que trabajan y viven de eso”.

Para el gobierno dictatorial, el que Brasil ganara el mundial de futbol por jugarse en México en 1970 era un asunto de Estado y presionaron para que Pelé estuviera ahí. Por su parte Pelé veía su regreso a una Copa del Mundo como un reto personal. Pelé asistió al mundial de México por “peticiones” del gobierno y por orgullo propio.

Brasil ganó todos los partidos que jugó en el Mundial de 1970. El ganar por tercera vez la copa Jules Rimet fue un logro que el pueblo brasileño hizo suyo.

El mundial de México 70 fue para Pelé el clímax de su carrera futbolística y para mi generación, particularmente a quienes gustamos del futbol exquisito, fue el inicio de la rendición de pleitesía a “O Rei”.

Por su sencillez como persona, por su forma de enfrentar el escenario político que le tocó vivir en su país y por su majestuosa forma de jugar al balompié, Pelé tendrá mi admiración y mi reverencia futbolera por siempre.

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One response to “Pelé: Recuerdos personales y apuntes de política (Pelé, Netflix)”

  1. Extraordinario paseo por la vida de este enorme futbolista brasilero y las coyunturas sociales que vivió y que ahora nos regalas, compadrito… Gracias.

    Con la venia, quiero compartir esto que he leído y pienso.

    Estoy convencido de que el mejor pronosticador de tu vida futura, es tu pasado (dicho en otras palabras, «Niñez es destino», dijera alguna corriente de la Psicología).

    Y es que Edson Arantes do Nascimento recuerda, valora y honra con auténtica humildad sus años mozos y a las personas que, cruzándose en su camino a la historia, le enseñaron lo que el fútbol es, pero más importante aún, de qué va la vida.

    En una autobiografía llamada «Pelé, mi legado», O Rei recuerda esta anécdota de sus inicios como profesional en el deporte que tantas satisfacciones le dio. Dice que cuando tenía 15 años de edad, fue aceptado como jugador en el Santos do Brasil. Dados su talento y capacidad, entrenaba con el equipo mayor, el de primera división. Con todo, confiesa que estuvo a nada de renunciar a su futuro deportivo cuando, en una final jugada con los equipos juveniles (recordemos que tenía 15 años entonces), malogró una pena máxima y con ello, su equipo perdió la oportunidad de coronarse.
    Ese día -dice Pelé- iba de vuelta a su pueblo que lo vio nacer (Baurú), con un estado de ánimo tirado por los suelos, cuando la persona encargada de ellos (estaban concentrados en las instalaciones del Santos en Vila Belmiro) le detuvo, preguntándole, -¡Eh, Pelé! ¿A dónde vas? – Vuelvo a mi casa -le dijo. Fue entonces que aquella persona que estaba al cuidado de todos le confió estas afectuosas y sabias palabras: La carrera de un profesional está plagada de situaciones cambiantes, con momentos de esplendor y otras completamente olvidables; que mi única preocupación debía ser prepararme siempre para ser el mejor; que no debía interesarme ni la adoración del público ni las fáciles silbatinas ante cualquier error. En síntesis , me dijo que mi único objetivo debería ser realizar mi trabajo como jugador, con el máximo de entrega, sin miedos y, por sobre todo, sin pensar en el resultado.

    Pienso que circunstancias como estas marcan la vida de cualquiera. Pero, más allá de esto, que en su momento seas capaz de obtener las lecciones que te dejan, esto, esto es lo que hace grande a la gente.

    Ese era Pelé. Y por ello, tiene desde siempre su lugar bien devengado en la historia de la humanidad.

    Abrazos festivos.

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