Alexéi Navalny: la sonrisa de la libertad

El mundo libre lamenta y condena el asesinato de Alexéi Navalny, el activista ruso que investigó la corrupción en su país, que lideró a la oposición y desafió a la criminal tiranía rusa encabezada por Vladimir Putin.

El pasado 16 de febrero, Navalny murió en una cárcel siberiana donde se encontraba purgando una condena por delitos que el régimen de Putin le inventó. Era, sin lugar a dudas, un preso político.

De acuerdo con The Economist, la trascendencia de Navalny como líder opositor radicó en haber atacado los dos cimientos en los que se finca el poder del dictador ruso: el miedo y la codicia.

En Rusia, la maquinaria del régimen se aceita con sobornos y prebendas, se ajusta con amenazas y represión. Por ello, Navalny –una vez que rompió con la ideología de grupos extremistas y abrazó la idea de una Rusia democrática y libre- investigó la corrupción rampante de Putin y sus colaboradores sin miedo a enfrentarlos. Esto llegó a tal grado que después de recuperarse en Alemania del primer intento de asesinato (lo habían envenenado), regresó a Moscú para encarar nuevamente a Putin; el desenlace fue su encarcelamiento y ahora, su muerte, demostrando que la corrupción es un instrumento de las dictaduras para matar.

El ejemplo de vida de Alexéi Navalny nos permite destacar al menos dos lecciones para México justo en la encrucijada que estamos viviendo:

UNO: La corrupción es un signo vital de las dictaduras, de las tiranías, de las autocracias. A la corrupción sólo se le puede combatir en un régimen democrático. Si un país quiere combatir la corrupción debe construir y defender una república democrática y sus libertades. Sólo desde ahí se puede combatir la corrupción. Sin democracia ni libertades no puede haber combate a la corrupción. Navalny no sólo combatía este mal del gobierno de Putin sino también confrontaba a su forma de gobernar. De ahí que la lucha de Navalny es titánica y queda heredada a esa parte de la sociedad rusa que quiere ser íntegra, libre y democrática

DOS: La esperanza, el optimismo y la fe en alcanzar lo que en apariencia es inalcanzable. Lo peor que le puede ocurrir a un pueblo es caer en el pesimismo o en la desesperanza y decir que los males que nos aquejan -tales como la corrupción- son inevitables. Los grandes cambios, los cambios históricos para bien de la humanidad, los han logrado quienes conservan la fe en alcanzar sus objetivos.

Navalny nunca perdió el buen humor ni la sonrisa aun estando preso. En las últimas imágenes que le fueron tomadas antes de su muerte, se le ve sonriente, bromeando a sus juzgadores.

En el documental titulado “Navalny”, su esposa, Yulia Navalnaya, comentó que durante el episodio en el que el activista logró sobrevivir al envenenamiento, ella nunca permitió que se tomaran fotografías de su esposo en el hospital “todo lleno de tubos” porque pensaba que serían sus últimas imágenes. Ella prefería que lo recordaran como un “hombre feliz y lleno de vida”.

Hoy, la figura de Alexéi Navalny se agiganta y se convierte en un ejemplo cívico de espíritu de lucha en favor de la democracia, no sólo en Rusia, sino en todos aquellos pueblos que la buscan y la defienden. Su sonrisa plasmada en imágenes quedará para siempre en nuestra memoria como “la sonrisa de la libertad”, esa que el criminal gobierno ruso nunca le pudo arrebatar.

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