Ya conocemos los temas que dominan la opinión pública: si existe o no un enfrentamiento entre Andrés Manuel López Obrador y la presidenta Claudia Sheinbaum por el caso del exgobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya; la captura del chofer que atestiguó el asesinato de Melesio Cuén y el secuestro de «El Mayo» Zambada a manos de «Los Chapitos» —en un encuentro al que estaba citado el propio Rocha Moya allá en Sinaloa—; la repatriación del vicealmirante Fernando Farías Lagunas (sobrino del exsecretario de Marina, Rafael Ojeda), acusado de operar el contrabando de combustible que representó el acto de corrupción más criminal en la historia contemporánea del país; la cancelación de la visa estadounidense a Andrés Manuel López Beltrán, en fin.
Tantas noticias nacionales y locales que tienen un elemento en común: la transgresión de la ley y la impunidad con la que se actúa. Ante tanta nota negativa, es fácil terminar abrumado y pensar que este país ya no tiene remedio.
Por eso, La captura —película basada en hechos reales— transmite un mensaje opuesto al que uno asumiría tras ver a tantos funcionarios, servidores públicos y políticos con las manos manchadas por la corrupción.
Más allá de que se pueda distinguir el hecho real de la ficción a la que recurrieron el director, el guionista y los productores de la película para dar contexto y sentido a la historia, destacan al menos tres certezas:
1. Los policías que capturaron a Joaquín Loera, alias «El Chapo», tenían claro su objetivo: entregar vivo al criminal a las autoridades superiores para que procedieran conforme a la ley.
2. Los principios o valores de estos agentes fueron puestos a prueba por los criminales que intentaron sobornarlos con su clásica amenaza: “plata o plomo”. A pesar de la enorme presión, y de tener la vida de sus familiares en riesgo, no se dejaron corromper.
3. Los oficiales experimentaron la incertidumbre sobre a qué autoridad pedir apoyo institucional para cumplir con su deber en una entidad como Sinaloa, donde el crimen tiene una presencia dominante en la economía, como lo reconoció en su momento la propia Tatiana Clouthier, pero también en las instituciones políticas y policiales de la entidad.
Aun así, los policías actuaron superando sus dudas. ¿Cómo lo lograron? Vea la película. Ojalá al terminar reflexione en esto: en México hay personas con valores que no se deja doblar por los agentes corruptores que hoy parecen dominar la escena real. Hay policías, marinos y militares que todos los días se juegan la vida contra los criminales, y muchos de ellos han caído —a veces junto con sus familias— en el cumplimiento de su deber. No podemos darles la espalda a quienes han sido leales a sus ideales por aquellos que se han atascado en el pantano de la corrupción en el que gobiernos y funcionarios corruptos han tratado de convertir a México.
Reitero mi recomendación: deje de consumir apologías de criminales y vea La captura. Por lo menos, se va a entretener.


Deja un comentario